miércoles, 5 de agosto de 2009

Casita de naipes


A veces ponemos todo nuestro esfuerzo en construir algo y cuando lo vemos ahí, consumado, estático, sólido, se nos revela nuestra propia caducidad o se nos desmorona sin razón. O puede pasarnos que seamos nosotros mismos los que tenemos esa necesidad de destruir y volver a empezar como si de esa manera fuésemos capaces de desafiar un poquito al destino.
Lo cierto es que vivimos construyendo y destruyendo.
A menudo lo que construimos no está sólido pero está. Sabemos que existe pero desconocemos hasta cuándo. Llenos de incertidumbre e incapaces de matar la duda lo contemplamos sin poder vivir eso que fuimos capaces de hacer o generar.
Y sí. Puede que lo que construimos sea como una casita de naipes. Frágil, efímera, etérea, pequeña e intangible. Puede que andemos a tientas preguntándonos hasta dónde llegará y con el temor a cuestas de que se caiga o de que alguien la haga caer.
¿Será que siempre hay que construir sobre cimientos firmes? ¿Y si la firmeza llega con el tiempo?.
Quizás, un buen paso sea animarse a construir aún sabiendo que podemos empezar y caer.
A veces son esas casitas de naipes las que nos enseñan a ser fuertes y cuidadosos,
las que nos enseñan a ver el riesgo de cerca y a tratar de evitar sus consecuencias.
Son casitas de naipes que nos invitan a cerrar alguna puerta que hasta ese momento no nos animamos a cerrar.
...¿Cuánto durará?, ¿hasta donde llegará esta casita naipes? ¿Será que se desplomará pronto? y si esta vez no se desploma.... y si esta vez tampoco queremos ni quieren destruirla.

14 comentarios:

Cloe dijo...

Somos frágiles por naturaleza.

Abrazo

Edu dijo...

Suelo desmoronarme junto con mis castillos.

Beso

Limada dijo...

y si disfrutamos la casita?

Gabriel dijo...

Como tu dices, vivimos contruyendo y destruyendo... Lo importante es darse cuenta que construyendo, crecemos... Abrazos amiga!!

PLASTICO INEVITABLE dijo...

Gracis POla, me encanta maaaal tu blog, me gusta mucho leerte
todo bien vos??

este domingo tocamos en San telmo, te cuento jja

Debo dijo...

Con manito pequeña comenzamos a construir casitas de naipes con dibujos animados, hasta ser grandes lo seguimos haciendo, y solo a unos pocos no se les desmonora a la tercer casita construida, yo siempre desisto. No creo que la vida sea una torre de cartas, pero la comparacion es tan real como cuando decimos que sopló un viento y la voló.
Todo esta alli, perfecto, intacto, contentos nosotros de haberlo logrado, y algo sale mal.
Nosotros o el viento, mi mano o la de aquel, algo siempre lo desmonora, pero queda la esperanza de pensar que la proxima que construiremos sera mejor... por algo ha de derrumbarse.
Te amo mucho herman.
Beso.

Señor Posmópolis dijo...

construir con naipes, construir desde el azar.

Claudio López Iscafre dijo...

Genialmente contado! ¿Por que uno quiere algo, llega y luego parece destruirlo? ¿será que asi tiene que ser? Un rato, un tiempo... solo eso.
Bsos

La sonrisa de Hiperión dijo...

Nadei sabe lo que durará, lo mismo la vida entera, que un sueño en una noche de verano. Pero y que más da? Cuando las dosas se termina, se terminan...

Saludos!

Carla dijo...

Muy buen post.
hay mucha razon en tus palabras!

Galán de Barrio dijo...

yo creo que el ladrillo principal de toda construcción propia somos nosotros mismos

si no estamos bien, por más firme que sean los cimientos que construyamos lo haremos sobre una superficie movediza

besos, criatura

Miguel dijo...

Es que siempre estamos disconformes con lo que tenemos. Es una voraz e insaciable costumbre de disconformidad la que nos puede diariamente. Además, a eso se le suma el hecho de que la sociedad misma, el capitalismo y la vida moderna nos empujan siempre a estar reinventando y a estar construyendo. Si no lo hacés, estás out. Ese es el rezo.

Me puse a pensar en la casita de naipes. Creo que es un poco eso lo que pasa. La metáfora es justa para muchas vidas, inclusive para la mía. El vivir y construir y de repente no tener nada y volver a vivir y construir y seguir en la espiral interminable.

Beso.

Anónimo dijo...

No vale!! Si la firmeza llega con el tiempo a mí nadie me avisó!!

Como decía Don Juan: el último enemigo al que sabemos que jamás vamos a vencer es a la vejez. Pero si no le presentamos batalla como el guerrero más aguerrido y osado, todo lo que hicimos no sirvió de nada. Y nos invade algo mucho peor que la incertidumbre:
la decrepitud!!

Claudio

Anónimo dijo...

No vale!! Si la firmeza llega con el tiempo a mí nadie me avisó!!

Como decía Don Juan: el último enemigo al que sabemos que jamás vamos a vencer es a la vejez. Pero si no le presentamos batalla como el guerrero más aguerrido y osado, todo lo que hicimos no sirvió de nada. Y nos invade algo mucho peor que la incertidumbre:
la decrepitud!!

Claudio