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martes, 24 de mayo de 2011

Corazones intactos





Él dibuja corazones en mi ausencia. Los hace en las cajas que conservan recuerdos, objetos o simplemente algo de mi mundo. Los dibuja a escondidas para que no me de cuenta pero lo que no le dije es que a mí no me importan mis cajas sino sus corazones.
Con algo tan simple me roba una sonrisa y me hace saber que su mundo está lleno de magia. Que su mirada contiene la ternura más inocente y mágica que deseo ver.
A los corazones los hace lindos, casi de la misma longitud. Bien juntitos, pareciera que no contempla separaciones ni diferencias.

Dibujó cuatro, será que ya descubrió que a mí no me gustan los impares. Y los hace de un color que no es el rojo, quizás para él, el amor aún tiene otro color.
Son trazos que añoran futuro y que me hacen saber que todavía se puede creer en el asombro y porque no, también en el amor.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Esperamos argumentos. Razones. Explicaciones. Cambios.
Esperamos que florezcan las margaritas en primavera y que caigan las hojas en otoño.
Esperamos lo pasajero. Lo cotidiano. Lo efímero.
Esperamos cartas. Figuritas difíciles. Compañías. Palabras. Silencios. Perdones.
Esperamos gracias. Buenos días. Besos. Mimos y abrazos.
Esperamos respuestas. Verdades. Mentiras.
Esperamos el futuro. El olvido. El regreso.
Esperamos desamores. Amores y quereres.
Esperamos lo bueno y hasta lo malo.
Esperamos enamorarnos. Que muera la incertidumbre y que salga el sol.
Esperamos el bondi. El tren. El subte.
Esperamos un mail. Un mensaje de texto. Una llamada.
Esperamos que cambie el semáforo. Que llueva.
Esperamos los viernes. Los minutos. Las horas.
Esperamos un milagro. Lo inesperado. Lo que nos sorprenda.
Esperamos a él. A ella. A alguien. A nadie.
Esperamos creer. Acertar. Ganar.
Esperamos sanar. Crecer. Madurar. Entender.
Esperamos que llegue. Que se vaya. Que vuelva y que no termine.
Esperamos algo que nos saque de la espera.
Y hasta a veces ser felices.

martes, 29 de junio de 2010

El otro día Tato Pavlovsky decía que uno tiene que quedarse con lo cotidiano de la vida, con las pequeñas cosas y creo que no estaba equivocado…
La vida es misteriosa e impredecible pero al mismo tiempo atractiva para aquellos que se atreven a vivirla, a vivirla de verdad. A mí me cuesta separarla de los otros, de ustedes, de los que me rodean. Me cuesta separarla de las elecciones y del destino. De lo que amo y de lo que me ilusiona.
Me cuesta abstraerla de los sueños. De lo que no está. De lo que me duele, de esas ausencias que pesan o de las compañías que se fueron.
Quién sabe por qué la vida aloja por igual a las lágrimas y a las sonrisas. A las tristezas y a esas efímeras felicidades. Quién sabe… últimamente me cuesta separar a la vida de lo que deseo. De aquello que espero o al menos creo esperar. Y ahí estoy como una pequeña criatura luchando, buscando, soñando y preguntándome sobre cuándo (s), cómo (s) y por qué (s)…
Nadie me dijo que sea fácil y estoy segura que tampoco me gustaría que lo sea… en fin de alguna manera creo que algunas veces también me siento como una niña asustada, perdida en la oscuridad que simplemente busca un poco de luz…

martes, 15 de junio de 2010

Maravilloso mundo


Ahí estaba él... con sus ojos rosados y su reloj de bolsillo:
-"¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar!"... Y así estamos nosotros, siguiendo al conejo blanco. Llenos de curiosidad. De sueños. Ilusiones. Esperanzas. Siguiendo a algo o a alguien ciegamente. Abiertos a la aventura y al descubrimiento. A los riesgos y a las consecuencias de ese país. De ese maravilloso país.
Yo era... yo soy... soy otra... A veces somos como “Alicia”, caemos en un pozo interminable, en una isla sin salida o nos sumergimos en un océano de lágrimas.
Descubrimos personajes con los que hablamos pero no nos comunicamos sino que monologamos indefinidamente todo el tiempo.
En un cuarto sin salida comemos y bebemos, nos estiramos y nos encogemos. Naufragamos en nuestras lágrimas tomando diferentes brebajes y desgustando extraños pastelillos.
A veces somos como el sombrerero loco y ni nosotros somos capaces de entender lo que hacemos. Es ese desequilibrio extraño que a menudo nos hace compañía. ¿Acaso está tan mal festejar el no cumpleaños?.
Casi sin darnos cuenta hasta nos podemos convertir en el Gato de Cheshire y ser capaces de aparecer y desaparecer a voluntad. O tal vez, elegimos rodearnos de gente como él, gente que nos entretiene mediante conversaciones paradójicas. Personas que a menudo nos animan a seguir y que se materializan muy de vez en cuando justamente porque tienen la capacidad de aparecer y desaparecer todo el tiempo.
Y en este mundo también están las reinas de corazones. Esas personas de muy mal genio, llenas de furia ciega, de envidia y falsedades. A esas mejor perderlas que encontrarlas. Son aquellas que nos quieren sentenciar a la decapitación pero que por suerte son pocas y rara vez pueden decapitarnos.
Así estamos en este maravilloso mundo en el que es lindo abrir esa pequeña puerta para continuar explorando lugares nuevos, rincones desconocidos o quizás para llegar a un atractivo jardín... y ojo, nadie dice que atravesarlo sea fácil, puede que la llave que abra esa puerta esté sobre una mesa que no podemos alcanzar pero qué sería de nosotros sin esos desafíos...
La vida esa así... tal vez en nuestro país también la pimienta, el vinagre y la manzanilla tengan un efecto negativo en el carácter de la gente y sea preferible consumir azúcares y golosinas para tener buen carácter...
Yo era... yo soy... soy otra... A veces somos como la pequeña Alicia y lloramos hasta inundar la habitación. Nos quedamos dentro de un charco de lágrimas llorando a diez centímetros de profundidad hasta que alguien o algo nos saca a flote... a veces es sólo cuestión de nadar un poco o de aferrarse a algo hasta que baje el agua. Todo pasa y después mojados, débiles y tristes corremos para secarnos. Dispuestos a recuperar la alegría emprendemos la marcha. Dejamos atrás ese mar de lágrimas y pisamos tierra firme.

En fin... Otra taza de té, por favor.

sábado, 22 de mayo de 2010

A ver esa sonrisa...

Finalmente, después de mucho tiempo, decidió guardar la nariz de payaso en el cajón. Sintió que ya no la necesitaba para sonreír. La puso en uno de los cajones del armario donde guarda todas las cosas que quiere conservar. Uno nunca sabe, pensó y la escondió debajo de unas medias viejas y una caja llena de cartas.Casi sin darse cuenta, recuperó su sonrisa. Entendió que uno puede pasar por la vida sin hacer muchas cosas pero no sin sonreír.De repente, sintió que no las dibujaba, que eran sonrisas verdaderas que salían del alma. Que brillaban en un parpadeo. Que dejaban luz al alrededor. Esas que brotan en pleno invierno pese a las bajas temperaturas, esas que en primavera salen a ventilarse por todas las plazas. Esas sonrisas de cucharitas cuando hace frío y cae la lluvia por la ventana. Esas sonrisas de domingo o de lunes por la mañana. Esas sonrisas de espera o de miradas dulces que esconde el amanecer....
Quién sabe por qué, pero ella hace unos cuantos días guardó la nariz de payaso. La escondió esperando no tener que volver a usarla pero por si acaso la guardó en el cajón de las cosas que quiere conservar. Uno nunca sabe, vió...

martes, 6 de abril de 2010

Quiero...

Quiero opciones varias,
sentimientos claros,
esperanzas y sueños.
Quiero posibilidades,
certezas y sí en plural.
Quiero exactitud,
concreción y deseos.
Quiero peripecias emergentes,
hechos que florezcan favorablemente de la noche a la mañana.
Quiero providencia,
amaneceres,
una vuelta de página
y un duradero y renovado te quiero….

jueves, 17 de diciembre de 2009

Melodías del alma

De chiquita me gustaba verte.
Me podía pasar horas mirándote girar siempre sobre el mismo punto.
A veces me daba la sensación de que podías escuchar a la tristeza o que intentabas ponerle música a mi alma.
Hoy es de esos días que cambiaría tu música.
¿Será que también sos capaz de ponerle música a la felicidad?
Hoy te quisiera sacar de esa cajita para que de una vez por todas abandones la oscuridad.
Para que no suenes si no tenés ganas.
Para que no sea alguien el que te haga bailar sino vos la que elijas los cuando.
Me cansó tu tristeza dibujada en melodía,
esa loca forma de amar solo cuando te abren,
cuando quieren verte y contemplarte.
Me dan ganas de que te escapes y de que no estés más sola.
¿Por qué nadie te lleva de una vez y cambia esa tristeza por otro ritmo?.
Hoy me dieron ganas de sacarte y liberar a todos los sentimientos lindos,
a esos que brotan por las mañanas y te erizan la piel por las noches.
Quiero que lleves a pasear a tu sonrisa,
esa que apareció sin motivos o con causas azarosas que dan miedo.
Quizás a veces no se trate de encontrar respuestas sino de simplemente preguntarse.
Que lindo sería acariciar la felicidad de manera constante.
Poder tocarla y entenderla.
¿Será que ella nunca se va y es la tristeza la que a menudo nos tienta y nos refugia en los lugares mas inesperados de nuestro ser?
Quién sabe…. mientras tanto yo espero que mis musas vuelvan,
que me indiquen un vuelo por el que rumbear. Parece que hace tiempo se me escaparon.
Aparecen de vez en cuando pero se esfuman cuando intento plasmarlas.
¿Será que la felicidad también le escapa a las palabras y elige otras formas para expresarse?
Por lo pronto una melodía le puso acordes a mi alma y me lleva de la mano hacia quién sabe dónde…
Es una melodía dulce, mágica y con compaces felices, con notas tiernas que invitan a soñar, a pensar que tal vez los por qué encuentran razones y el tiempo se convierte en buen consejero.
A veces somos como esas cajitas que suenan sólo cuando las abren
y quizás el secreto es entender que nosotros elegimos cuando salir y qué melodía queremos que le ponga sonido a nuestra alma…

martes, 27 de octubre de 2009

Ella va con su aire, hace días que la mece sin rumbo y la lleva a la deriva.
Parece que la incertidumbre es su única brújula.
Los no sé la invadieron por dentro y no hay manera de sacarlos.
Tampoco sonríe y cada dos por tres se le escapan las lágrimas.
Ella dice que le hacen compañía, de esas que empañan a la soledad.
La cosa es que la tristeza crónica se le instaló en el alma.
A veces no sabe si llamarla tristeza.
Para ella la tristeza es otra cosa,
esta es un algo sin motivos que esconde implícitos,
un algo que quisiera arrancar de raíz y destriparlo por completo.
Últimamente siente que la vida le empata pese a que le de revancha una y otra vez,
que no la deja ganar pero tampoco caer al vacío,
que no quiere que sienta vértigo y la agarra fuerte cada vez que la ve caer.
Encima su susceptibilidad la volvió irritable…
Así está, y lo peor es que le dicen que la vida le sonríe y no la ve,
¿dónde se habrán escondido esas risas? ¿será que realmente existen?
Quién sabe…mientras tanto ella espera.
Espera que florezcan las margaritas en primavera y que caigan las hojas en otoño.
Espera argumentos. Explicaciones. Cambios. Cosas pasajeras, efímeras y cotidianas.
Espera compañías. Palabras. Silencios.
Espera desamores. Amores. Quereres.
Espera perdones y algún que otro gracias.
Espera besos y abrazos.
Espera que pase el miedo. Que muera la incertidumbre.
Espera el hoy. El olvido. El regreso.
Espera que llegue. Que se vaya. Que vuelva. Que no termine...
Pero creo que lo que realmente espera es que su alma vuelva a sonreír y que de una vez por todas le robe a la vida esa sonrisa que le da y que aunque quiera hoy no puede ver.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Ayuno de vos

Ella está en ayuno.
En ayuno de amores.
De la noche a la mañana se le cerró el alma.
Desde hace días evita las dulzuras.
No quiere que la quieran,
que la besen,
que la mimen,
que la deseen,
que la extrañen y ni que hablar que la enamoren.
No se deja animar ni complicar.
No quiere promesas ni sueños.
Le huye a los convencimientos y a los ánimos.
Cierra los ojos a los gustares y a los deseos.
Parece que se cansó de entender los caprichos del amor,
sus celosías,
sus artilugios,
sus desniveles,
sus idas,
sus venidas,
sus estados,
sus manías,
sus sinsabores,
sus todos o sus nadas.
Eso... sus todos y sus nadas son los que le cerraron el alma.
Parece que por lo pronto no encontró la tentación perfecta,
y a lo que más le teme es a los empachos o a los atracones de quereres,
a esas felicidades efímeras que le sacaron las ganas y la dejaron con este desencantamiento crónico que también le robó su inspiración.

viernes, 28 de agosto de 2009

Pasará, pasará pero...

¿No será qué está ojeada?, le preguntó su vecina. A mí me parece que sí... Sí, sí, debe de ser eso, le decía convencida mientras ella sólo la miraba y trataba de pensar qué contestarle.
Buscaba cómo definir esa extraña sensación que hace días la persigue.
¿O será que está empachada?, volvió a insistir. Dele, venga que agarramos la cinta y nos fijamos. Va a ver que con eso se le cura todo.
Su vecina no sabía que lo que ella tenía era otra cosa.
Era extrañamiento continuo.
Estaba empachada de extraños y no sabía cómo llenarlos.
No sabía qué hacer con su incertidumbre y con ese nudo de dudas que no puede digerir.
Hace semanas, intenta explicar la imprevisibilidad de la vida y nada. No hay caso.
Lo peor es que no está triste. Eso le pasa. No está triste pero tampoco feliz.
Y para colmo ese estado ya se le hizo costumbre.
Tampoco quiere aprender más nada.
Se cansó de la experimentación.
Quiere que alguien llegue y se le plante bien firme.
Que le imponga su querer.
Decidido y sin contradicciones.
No sé por qué pero todavía le cuestan sus distancias y sus tiempos.
Extraña ese arrime urgente y esa imprevisibilidad lógica que llena soledades.
Quiere entender al mundo o al menos a una parte de él.
Creo que está empeñada en atravesar el alma de la gente al punto de pensar que ese debe ser su error.
Usted no entiende doña Rosa, lo que tiene que sanar no se va con el ojeado, le dijo mientras cruzaban la avenida Juan B. Justo.
Parece que no hay cinta ni rito que se lo saque.
Este empache no se cura. Únicamente le queda esperar a que se vaya solo porque de eso si está convencida. Esto pasará. Está segura que pasará. Al menos todavía en eso cree...

lunes, 24 de agosto de 2009

Se le nubló el alma


Así está ella... como los días grises en el que no hay sol pero tampoco llueve.

jueves, 13 de agosto de 2009

Mucho, poquito, (...)???


Día por medio, su marido le riega las margaritas del balcón,
esas que deshoja en su ausencia cuando las dudas la invaden.
Ella no es una mujer segura, creo que en el fondo está llena de miedos y sabe que está viviendo en una burbuja que en cualquier momento se rompe y deja de ser lo que es.
Todos los días lo lleva a pasear,
no sé si muy lejos pero la cosa es que su marido la acompaña siempre.
A todos lados eh, nada de dejarlo solo.
Está chocha con su marido. No sé si feliz, creo que la felicidad es otra cosa.
Lo muestra a sus vecinas, a sus amigas y hasta al verdulero de la esquina que el otro día me contó que lo mandó a comprar medio kilo de zapallitos y un poco de rúcula.
Sí, porque le señora le cocina todos los días. Me parece que le entró por el estómago o no, quién sabe.
Hace unos días se mudó con ella. Fue todo muy rápido, nada de papeles ni de pensar tanto las cosas. Parece que el hombre es instintivo y se deja llevar por el impulso.
Ayer, sin que se de cuenta le robé dos margaritas...
¿Me quiere mucho, poquito o nada?…. A mí me salió que me quiere. No su marido sino el mío.
Yo a su marido no lo conozco mucho. Tampoco sé si quiero conocerlo más.
En fin, ella está obsesionada con sus margaritas y ni que hablar con su marido.
El otro día Antonia la espiaba por la ventana.
Me dijo que le hablaba a las margaritas mientras las deshojaba,
y lo peor es que ellas no dejaban de decirle que su marido la quiere poco….
Pero bueno, tal vez son sus margaritas,
y eso que sólo les preguntaba cuánto la quería y no se animaba a preguntarles si detrás de todo eso había o no querer.

lunes, 10 de agosto de 2009

Ese juego llamado...

Juegue... le toca. Es su turno.
Va a ganar, se lo anticipo.
Lo presiento desde el primer día que moví una pieza y usted quiso jugar conmigo.
Lo sé desde la noche en que me miró a los ojos y aceptó el reto con su mirada enigmática y picaresca.
A veces me pregunto qué leyes y estrategias utiliza.
Me intriga saber qué esconde detrás de esa sonrisa.
No sé si debiera confesarle esto pero la verdad que me gusta jugar con usted.
Lo mío no son las estadísticas ni la lógica así que por eso quédese tranquilo.
Desde hace tiempo que le escapo a la razón.
A mí me puede el sentimiento. El instinto que brota de manera inesperada en cada partida.
Pero dele, probemos, total... ¿qué perdemos?
En el amor, los dos ya estamos perdidos.
¿O será que sólo yo?
Ya moví... le toca.
Sabe una cosa... en este último tiempo me convencí de que tenerlo cerca
es menos importante que
desearlo,
pensarlo,
soñarlo,
extrañarlo.
Juegue.
Le toca. Es su turno.
Encima esta vez es mano....
Ganará, se lo anticipo... pero juguemos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Casita de naipes


A veces ponemos todo nuestro esfuerzo en construir algo y cuando lo vemos ahí, consumado, estático, sólido, se nos revela nuestra propia caducidad o se nos desmorona sin razón. O puede pasarnos que seamos nosotros mismos los que tenemos esa necesidad de destruir y volver a empezar como si de esa manera fuésemos capaces de desafiar un poquito al destino.
Lo cierto es que vivimos construyendo y destruyendo.
A menudo lo que construimos no está sólido pero está. Sabemos que existe pero desconocemos hasta cuándo. Llenos de incertidumbre e incapaces de matar la duda lo contemplamos sin poder vivir eso que fuimos capaces de hacer o generar.
Y sí. Puede que lo que construimos sea como una casita de naipes. Frágil, efímera, etérea, pequeña e intangible. Puede que andemos a tientas preguntándonos hasta dónde llegará y con el temor a cuestas de que se caiga o de que alguien la haga caer.
¿Será que siempre hay que construir sobre cimientos firmes? ¿Y si la firmeza llega con el tiempo?.
Quizás, un buen paso sea animarse a construir aún sabiendo que podemos empezar y caer.
A veces son esas casitas de naipes las que nos enseñan a ser fuertes y cuidadosos,
las que nos enseñan a ver el riesgo de cerca y a tratar de evitar sus consecuencias.
Son casitas de naipes que nos invitan a cerrar alguna puerta que hasta ese momento no nos animamos a cerrar.
...¿Cuánto durará?, ¿hasta donde llegará esta casita naipes? ¿Será que se desplomará pronto? y si esta vez no se desploma.... y si esta vez tampoco queremos ni quieren destruirla.

viernes, 31 de julio de 2009

Estamos recordando la foto, ¿no entendés?.




- Estamos recordando la foto, ¿no entendés?....

Eso le dijo con sus apenas tres años y medio. Lo decía convencido. Estaba seguro y feliz. Se agachó con su abuelo y su autito azul. Recordó su risa, su pose, sus movimientos y los quería hacer tal cual. Exactos.
Su abuelo también estaba feliz. Creo que su nieto es parte de su felicidad. Esa felicidad efímera que agarra con cada una de sus sonrisas y a veces pareciera desaparecer o esfumarse.
Sólo tenía una foto y decía que era su favorita. Estaban recordando y ella se preguntó por qué no conservar esa inocencia y esa frescura que nos permite hacerlo de esa forma. Que nos haga capaces de recordar reviviendo, haciendo que todo vuelva una y otra vez como si la vida fuera una película que podemos rebobinar en las mejores partes de nuestra vida. Como si fuéramos capaces de hacer que nada si hubiera ido y que los recuerdos queden intactos.
Nosotros y ellos.
Esos de la infancia. La primera bicicleta. El primer triciclo. La primera vez que fuimos a la calesita. La inocencia de Papa Noel y los Reyes Magos. La primera salita de jardín. Las primeras escondidas. El piedra libre en el colegio, esos albúmenes de figuritas que coleccionábamos hasta el cansancio. Las risas de los recreos. La primera muñeca o el primer juguete… Creo que ellos siempre están y de vez en cuando los rememoramos para darle fuerza a nuestra alma.
Son esos recuerdos que nos vuelven inseguros. Fuertes. Tristes o débiles.
Recuerdos imborrables que no nos dejan y que de vez en cuando también nos aterran.
Momentos irreparables que tratamos de sortear, que superamos o que al menos hacemos el esfuerzo por sobrellevarlos.
Momentos que nos arrancan una sonrisa.
Recuerdos que aparecen en fotos viejas de un cajón o en eso que conservamos con nosotros pese a que el tiempo pase.
Recuerdos materializados en imágenes que nos traen a los que ya no están. A los ausentes. A los que nunca estuvieron. A los que esperamos o a los que quisiéramos tener cerca.
Recuerdos. Mágica palabra que despierta risas o lágrimas que escondemos en nuestros lugares más íntimos.
…Ahí estaba él, recordando con su abuelo. Y así lo hacemos nosotros cuando nos animamos a encontrarnos con nosotros mismos. Cuando traemos a nuestro presente momentos, personas, lugares, rincones, pedacitos de nosotros mismos que queremos conservar intactos pese a los años o a las distancias. Momentos que se anidan y que nunca desaparecen. Momentos que a veces se hacen presentes sin que nos demos cuenta….
… ¿No entendés?, le dijo con sus apenas tres años y ella lo entendió más que nunca.

lunes, 27 de julio de 2009

Andando

Yo ando. Tú andas. Él anda. Nosotros andamos.
Y así estamos todos: andando.
Con malhumores y de los buenos.
Con esperanzas y utopías.
Cargando con nuestras debilidades, con lo que somos y con lo que queremos ser.
Sorteando lo pequeño o lo grande que impide nuestro andar,
triturando a aquello que le pone trabas a nuestros deseos y cerrojos a nuestra ilusión.
Andamos haciendo huelga de silencios y paros de angustias.
Diciéndole stop a la tristeza y dándole vía libre a la felicidad.
Andamos acumulando ausencias.
Heridas. Miradas.
Amores de los todos: los imposibles, los desamorados, los platónicos y ese extraordinario.
Conservando cicatrices.
Angustias de meses.
Felicidades de días.
Miedos.
Incertidumbres.
Andamos pese a que las flechas se trunquen y no sepamos si avanzar, retroceder o cambiar de senda.
Andamos no sabiendo si es mejor ir por colectora o llegar más rápido por autopista.
Avanzando o siendo tentados a retroceder unos metros.
Y en ese andar llevamos presencias eternas.
Compañías pasajeras.
Sueños a montones.
Infinidad de gracias.
Rencores muy pocos y algunos cuantos perdones por dar.
Lo importante es que andamos pese a que a veces sólo nuestros pies andan y nosotros simplemente los seguimos.

jueves, 16 de julio de 2009

Piedra libre


Se quedó sin palabras y no sabe por qué. Hace días que las busca y no las encuentra. Se le escaparon o quién sabe por qué decidieron esconderse. No sabe si se fueron lejos o si es pasajero.
Las buscó en sus lágrimas y en sus risas. En ese rincón que le trae recuerdos. En el subte. En el tren. En la calle. En las gotas de lluvia de ayer a la tarde y en el sol del domingo.
Las buscó en su noche solitaria del lunes, en la compañía del viernes y nada.
Trató de que despierten frente a los extraños, a los que quiere, a lo que ama y nada. Le quedó la duda de ver si aparecían en aquel que le debe palabras pero no se animó a que fuera ahí justo cuando decidieran despertar.
Hoy casi aparecían pero estaba sola y nadie las pudo escuchar.
¿Será que es ella la incapaz de pronunciarlas? Y lo peor es que se dio cuenta que tiene muchas palabras pendientes. Que puede que éste no sea el momento justo o que les falte madurar un poco pero está convencida de que están esperando y no siempre es lindo esperar.
Tal vez, se fueron enojadas por su impotencia o se enojaron por no sacarlas a tiempo.
Quizás, es el miedo el que las calló o fue ella la que decidió darles una tregua al menos por un rato.
…ahora el único que la persigue es el silencio y para colmo no para de hablarle. O será que lo que hace es protegerla hasta que se sienta capaz de reencontrarse con ellas. Hasta que sea capaz de mirarlas a los ojos. De sentir cada sílaba y entender cómo quiere decirlas.
¿Y si las escribe?… creo que piensa que eso es de cobarde, es tratar de disfrazarlas ocultando su verdadera forma detrás de letras mudas.
…Sino creyera en la locura tal vez las diría sin problemas pero no siempre todo es sencillo y no todo es cuestión de lógica. A veces se trata de lograr el equilibrio justo para poder gritarlas.
Las palabras del alma son las que extraña, esas que vibran al pronunciarlas, las que trituran el corazón o abrazan con su calidez. Las que iluminan las miradas del que las escucha... Esas son las que se le escaparon hace varios días.
No está segura pero puede que haya sido ella misma la que las colgó un rato para que se sequen de rencores y de dolores esporádicos. Y sí, en este tiempo las hicieron llorar mucho y necesitaban un poco de viento y de esa brisa fresca que les permitan entrar de nuevo en ella y volver al ruedo cotidiano…
Y encima ya no sabe cómo explicar sus perdones, sus sí, sus no y sus ni. Ni hablar de sus caprichos, sus amores, enojos y esas ganas desganadas.
No pide excusas ni perdones sólo quiere que vuelvan para poder decirlas y quizás encontrar razones y respuestas a las preguntas que hoy no sabe cómo hacer.

viernes, 10 de julio de 2009

Como si todo dependiera de él...




Ahí estaba él, siguiendo sus pasos como siempre… Y ahí estaba ella, tratando de entenderlo, buscando explicaciones y callando sus reproches.
Esa noche le habló. Creo que fue la primera vez que hablaron cara a cara, aunque no sé si fue real.
Él era extraño pero siempre era atractivo jugar con él. Sus palabras y su forma de actuar tenían algo especial que lo hacían diferente. Podría decirse que tuvieron un mano a mano. Su única condición era que lo escuchara… Sí, es raro pero creo que no hay forma de lidiar con él. Ella se dio cuenta que lo mejor era aceptarlo, saber que existía y que inevitablemente siempre iba a estar.
Lo primero que le dijo fue que no pensara más y que dejara que todo suceda, que permita que sea él el que elija y el que la lleve de la mano.
Le dijo que él entiende los por qué, los cuándo y los dónde. Que sabe ponerla en el lugar indicado y en el momento justo. Ni antes ni después. Hasta le llegó a decir que si se equivoca ni siquiera vale la pena juzgarlo. Que a veces no se trata de reproches sino de aceptar lo que nos toca.
Casi sonriendo le dijo que cuando la puso a destiempo también le había permitido una sonrisa. Una mirada intrépida y divertida. Un rostro diferente que le iluminó los ojos al menos por un rato… Creo que ahí tuvo razón.
Ella no le hablaba, pienso que no sabía si reír o pedirle que fuera un poco más benévolo con ella. Esto del destiempo ya no le convencía tanto… Se quedó callada y ahí empezó con esto de que en este mundo todo puede suceder. Que la suerte puede ser mejor y que a la casualidad no hay con que darle, hasta él mismo reconoció que más de una vez lo casual le jugó una mala pasada.
Ya sé, le decía… te lleno de promesas, a veces te doy, otras te quito. Pero siempre te dejo ecos. Presencias. Ausencias. Seres con quien caminar. Con quien huir. Seres con quien soñar en noches vacías. Solos. Eternos. Heridos. Arrepentidos y vulnerables…
Vulnerables. Esa es la palabra… Creo que en este tiempo ella se sentía vulnerable a él y a todo lo que le generaba, quizás más que de costumbre pero sabía que ÉL era así, que así era su destino… su inevitable destino que siempre le hacía compañía.

martes, 7 de julio de 2009

Gris

Día gris de nuevo...
Día para ingerir distancias y extraviarse del pasado.
Día para retener momentos, lluvias pasajeras y cucharitas de otoño.
Día para asomarse a las dudas y a las preguntas.
Día para desatar risas, miradas y carcajadas.
Día para hacer ayuno de rencor y de orgullo.
Día para estrellarse en los errores y en las esquivas presencias.
Día para abandonar contradicciones.
Día para olvidar la inocencia y guardar la ingenuidad.
Día para cosechar sueños y empacharse de dulzura.
Día para hilvanar recuerdos y tejer sueños del mañana.
Día gris. Nublado... hermoso día.

jueves, 25 de junio de 2009

Somos tantas cosas...


Somos seres complejamente simples.
Vulnerables y acorazados.
Afligidos y felices.
Tanto y nada al mismo tiempo.
Seres que buscamos refugio en lo más simple como en una hamaca de una plaza.
Seres que sentimos que es ese vaivén constante el que nos cobija,
el que nos hace volar o al menos imaginar que lo hacemos,
el que nos permite ilusionarnos y mirar el cielo de manera distinta.
Somos deseantes y soñadores.
Gigantes y pequeños.
Seres que de vez en cuando necesitamos mecer las tristezas. Las alegrías. Los desencuentros y hasta a nuestra propia felicidad.
A veces estamos así... Solos en una plaza meciendo nuestra propia vida.
Escuchando los ecos de la infancia, las sonrisas más genuinas, las risas más pícaras y atrevidas que en ese vaivén constante podemos escuchar y nos hacen saber que siempre nos acompañan.